La enfermedad de Alzheimer crea sentimientos de incertidumbre y preocupación. Si se tiene o ha tenido un familiar directo que la tuvo, nos encontramos particularmente angustiados por la posibilidad de hereditarla irremediablemente. Pero…¿cuáles son los factores reales de riesgo? ¿Tendré la enfermedad de Alzheimer como la tuvo mi familiar? ¿Puedo prevenirla?

Los antecedentes familiares y la genética

El riesgo de desarrollar la enfermedad de Alzheimer parece ser algo mayor si un familiar de primer grado – padres o hermanos – tiene o han tenido la enfermedad.

Efectivamente los científicos han identificado mutaciones en los genes que teoricamente garantizan que una persona que los herede desarrollará la enfermedad. Pero estas mutaciones representan menos del 5% de los datos existentes sobre la misma.

De hecho generalmente factores de riesgo como el envejecimiento, de género y ambientales juegan un papel mucho más dominante en la progresión de la enfermedad de Alzheimer.

La edad

El factor de riesgo más alto conocido es la edad. Por ejemplo, mientras que una de cada nueve personas de 65 años o más la tiene, en las personas a partir de 85 años el porcentaje se eleva a una de dada tres.

Sexo

Las mujeres pueden ser más propensas que los hombres a desarrollar la enfermedad de Alzheimer, en parte porque viven más tiempo que ellos (véase “La edad”)

Haber sufrido un traumatismo craneal

Las personas que tuvieron un trauma grave en la cabeza parecen tener un mayor riesgo de padecer la enfermedad de Alzheimer.

Deterioro cognitivo leve

Las personas con deterioro cognitivo leve tienen problemas de memoria u otros síntomas de deterioro cognitivo que son peores de lo que cabría esperar para su edad, pero no lo suficientemente graves como para ser diagnosticados como demencia. Estas personas tienen un mayor riesgo – aunque no representa una certeza – de desarrollar demencia en el futuro.

Adoptar un estilo de vida saludable puede compensar la pérdida de memoria y el deterioro cognitivo

El aprendizaje permanente y el compromiso social

Diversos estudios han encontrado una asociación entre la participación en actividades mentalmente y socialmente estimulantes y un menor riesgo de enfermedad de Alzheimer.

Estilo de vida y salud del corazón

Aunque no hay demostraciones concluyentes, algunas evidencias sugieren que los mismos factores que nos ponen en riesgo de padecer enfermedades del corazón también pueden contribuir al deterioro cognitivo.

Actividad física

Cada vez hay más pruebas de que la práctica aeróbica, de fuerza y ​​equilibrio, así como los ejercicios de coordinación proporcionan importantes beneficios para nuestra salud.

La actividad física es una parte valiosa de cualquier plan general para el bienestar corporal y se asocia asi mismo a un menor riesgo de deterioro cognitivo.

La dieta mediterranea

Un reciente análisis realizado a más de 130.000 personas en 3 diferentes estudios mostró que el hecho de llevar una dieta mediterránea disminuía del 13 % la incidencia de enfermedades neurodegenerativas como la enfermedad de Parkinson y la de Alzheimer.

La dieta mediterránea tradicional se caracteriza por contar con una gran cantidad de fitonutrientes bioactivos, ricos en vitaminas B6, B12, ácido fólico – con gran potencial antioxidante y antiinflamatorio y derivado del aceite de oliva virgen extra como grasa añadida principal – frutas frescas y vegetales de hoja verde, legumbres, cereales integrales, frutos secos y semillas, pescado y vino tinto, y con porciones moderadas de carne y productos lácteos.

Este tipo de dieta ayuda a reducir la inflamación.

Sustancias antiinflamatorias

Durante las dos últimas décadas se han acumulado numerosas evidencias que nos sugieren que los procesos neuroinflamatorios tienen un papel fundamental en el deterioro cognitivo.

Numerosos estudios epidemiológicos apoyan que el uso a largo plazo de los fármacos antiinflamatorios no esteroideos (utilización en dosis bajas dos años antes) es preventivo contra la enfermedad de Alzeimer, pero estos medicamentos no ralentizan la progresión de la enfermedad en pacientes que ya han sido diagnosticados con la misma.

Existen varias investigaciones que han permitido acumular datos sobre las propiedades antiinflamatorias de sustancias naturales como la curcumina, las catequinas (provenientes del té verde), diversos ácidos grasos (EPA y DHA), y polifenoles (antocianinas), que se encuentran, por ejemplo, en los arándanos.

Dieta rica en Omega-3

Uno de los cambios fisiológicos que ocurren en el cerebro con el envejecimiento es la contundente disminución de los ácidos grasos omega-3 (como el ácido docosahexaenoico DHA). Y esta reducción del DHA puede conducir a problemas más graves, por la alteración de las señalizaciones normales del cerebro.

Los estudios existentes sobre los efectos del consumo de suplementos de pescado o ácidos grasos poliinsaturados en el deterioro cognitivo evidencian que, en los pacientes que no padecían la enfermedad de Alzheimer, estos ácidos pueden producir efectos positivos sobre el deterioro cognitivo.

Curcumina altamente biodisponible

La curcumina es muy conocida como potente antiinflamatorio, pero con el grave handicap de su difícil absorción en el cuerpo humano. Sin embargo, algunas formulaciones optimizadas de curcumina lipídica consiguen llegar a concentraciones que se quedan presentes y activas en el cerebro. En un reciente ensayo clínico, la curcumina de Longvida – la formulación patentada de Optim Curcuma  redujo la beta-amiloide circulando en la sangre de pacientes sanos que tomaban al día durante un mes 400 mg de la misma. En otro ensayo clínico también fue demostrado que esta formulación ayuda sensiblemente a la mejoría de la memoria de trabajo.

Por último, la Universidad de California Los Ángeles (UCLA ) ha iniciado un ensayo clínico que investigará los beneficios de una terapia de combinación de la ingesta diaria de curcumina Longvida y la práctica regular de yoga en pacientes que muestran signos de deterioro cognitivo leve.

Fuentes:

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