Desde hace más de 5000 años, los sanadores han usado la cúrcuma en la medicina tradicional asiática. Además, se ha usado para aliviar los problemas digestivos, cicatrizar heridas, estimular la circulación sanguínea y descongestionar las vías nasales (Aggarwal 2011).

En la actualidad, se considera a la cúrcuma como la super estrella de las especias por sus propiedades antioxidantes y antiinflamatorias que se han estudiado en profundidad en numerosos campos terapéuticos.

De hecho, la inflamación crónica podría desencadenar o hacer avanzar muchas enfermedades modernas, como las enfermedades cardiovasculares, el Alzhéimer, el Párkinson, el asma y las enfermedades autoinmunes, como la poliartritis reumatoide y la psoriasis (Gupta 2013).

Muchos ensayos clínicos en el hombre indican que la curcumina, el ingrediente más activo de la cúrcuma, tiene actividades terapéuticas prometedoras para enfermedades como la artritis y la artrosis. Estos efectos se traducen en una reducción del dolor en las articulaciones.

La investigación es muy activa en este campo. Según la base de datos del Instituto Nacional de la Salud de Estados Unidos, hay 48 estudios clínicos que usan curcumina en curso para dar apoyo a los resultados existentes o descubrir nuevas indicaciones.

¿Es eficaz tomar solo cúrcuma en polvo?

Tomar cúrcuma en polvo con o sin pimienta… ¡No funciona!

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